sábado, 4 de abril de 2009

Bienvenido Miguelito

Ayer rompí de nuevo mi rutina de entrenamientos, pero esta vez tenía un verdadero motivo para hacerlo. Por primera vez en mi vida he sido tito.

Mi hermana trajo al mundo anoche un bebé super sano y super guapo como su tío (evidentemente me refiero a su tío Dani). El parto fue complicado, duró más de 12 horas, pero al final tuvo un final feliz. El niño es una preciosidad y tiene los ojos más grandes que le hevisto a un recién nacido (tampoco es que haya visto a muchos).

La familia crece, y la sombra de ese momento que toda pareja joven teme se va acercando. El momento al que me refiero es cuando tus hermanos mayores ya han tenido hijos y los ojos de tus familiares se ponen en ti y te preguntan con cara de soplagaitas "¿¿Y vosotros para cuando???". Afortunadamente aún queda bastante para eso, mi hermano Toni es el siguiente en la lista, y ya le están preguntando. Yo iré afilando la katana para entonces...

Os dejo una foto de la preciosidad de sobrino que tengo, aunque aqui no se aprecia el tamaño de sus ojos, ya que en este instante está justo recién salido del "horno".

6 comentarios:

mgperez dijo...

Grandes y curiosos ojos. Y pelazo.
Disfruta de tu sobrino, que está pa eso.

mgperez dijo...

Coño!! se me olvidaba! LO MEJOR EL NOMBRE.

Roberto Corroto dijo...

Eso es lo que te iba a decir yo Dani, ¡vaya pelazo!, enhorabuena tío y nada, cuando te pregunten que para cuando le dices al que te lo diga que para cuando te lo mantengan y no te vuelve a preguntar (yo ya lo he comprobado)

Javier Diaz dijo...

buuufff, no veas que ojos, no?? que carilla de estar espabilao ya!!!
muchas felicidades...

Sr Lobo dijo...

Enohorabuena, yo que ya he sido tito te diré que mola mucho porque puedes ser papi durante dos horas jugar con el espabilarlo y luego cuando te vas los padres se comen el marrón de dormirlo jejejej, es un disfrute.

Nessa dijo...

¡Enhorabuena!

Los sobrinos son lo mejor... muy a mi pesar he de decir que el Sr Lobo tiene razón.

Nos leemos,
Hedda
PD: Es una obviedad pero, ¡qué ojazos, ¿no?!